Por Francisca Jiménez.

Junto a su propio director, Claudio Gómez, recorrimos el Museo Nacional de Historia Natural. Yo, que solo imaginaba ver huesos de dinosaurios, me sorprendí al observar vestigios arqueológicos, animales embalsamados, ejemplares botánicos, entre otros. Según su director, 'este museo tiene colecciones de antropología al estilo de los museos de historia natural como los de Estados Unidos y otros países.

Esta área se compone de arqueología, etnología y bioantropología', explica mientras indica unos depósitos con fardos funerarios atacameños. El jefe del área de antropología, Rubén Stehberg, quien además ha estado a cargo de la investigación 'Mapocho Incaico' –que establece que Santiago habría sido fundado sobre restos urbanos de esa civilización–, nos muestra el minucioso trabajo que realiza su equipo en mesas especiales para el catastro de antiguas piezas arqueológicas.

Esto, para luego pasar a ver uno de los más grandes tesoros del museo: el Niño del Plomo. Debo decir que me emocionó ver su cuerpo liofilizado en tan perfecto estado pero, a la vez, de una fragilidad absoluta. Gómez comenta que por un tema de conservación hace ya varios años que el niño no se exhibe a público (existe una réplica que se muestra), pero que para ciertas fechas como el Inti Raymi (24 de junio, día en que los pueblos andinos celebran el solsticio de invierno), invitan a algunas comunidades indígenas a visitarlo para realizar ceremonias en su honor. Pasé de esta experiencia a otra más milenaria aun: pude tocar un hueso de un antiguo dinosaurio.

El propio jefe del área de paleontología, David Rubilar, nos habló del recientemente descubierto Chilesaurio, de más de 147 millones de años. Pero también vi restos de mastodontes y otros animales extintos. Finalmente fue el turno de la sección de zoología. Jhoann Canto, curador del área, nos hizo un recorrido por sus extensas colecciones con mamíferos, reptiles, aves, entre otros. Más allá de los animales embalsamados, lo que más me llamó la atención fueron los ejemplares incautados por la PDI que llegan a parar a una pequeña habitación del museo. Cebras, patas de oso convertidas en ceniceros, zapatos confeccionados en piel de serpiente, iguanas convertidas en souvenirs, entre otros, son parte de esta bodega que desgraciadamente crece y crece día a día.

'Esta labor de prevención del tráfico ilícito de especies animales es también parte de nuestro trabajo', indica el director del museo. Finalizamos nuestro recorrido viendo, desde el segundo piso, otro de los grandes atractivos: el esqueleto de la ballena Greta (cuyo nombre surge en honor a la antigua investigadora y directora del museo Grete Mostny). Al salir del edificio pienso en el gran trabajo que realiza el equipo del museo y lo importante que es apoyar como ciudadanos la labor educativa y de rescate patrimonial e histórico que lleva a cabo.


El Museo Nacional de Historia Natural es el más antiguo de Chile y uno de los más añosos de Sudamérica. Fue fundado en 1830 y en 1876 llega al actual edificio que fue construido para la Exposición Internacional de Santiago –en la Quinta Normal–, el que siempre se pensó para albergar el museo. Con los diferentes terremotos, este monumento nacional –que reúne cerca de 850.000 objetos catastrados– aún necesita reparaciones. Junto al Museo Nacional de Bellas Artes y al Museo Histórico Nacional, este es uno de los tres museos públicos chilenos con rango nacional. MÁS INFORMACIÓN EN WWW.MNHN.CL

Publicado en: Revista MásDeco